Ciudad de México, 22 de octubre de 2018. ¿Alguna vez te has puesto a pensar qué pasa en un museo después de que cierra sus puertas y las visitas se retiran? Heriberto Trejo Avilés lleva más de 6 años en el Museo Nacional de Antropología como residente de mantenimiento a cargo de los servicios generales, y tiene muchas anécdotas que contar sobre sus experiencias.

El Museo Nacional de Antropología (MNA) es un referente arquitectónico y uno de los bastiones culturales de México. Enclavado en el corazón del Bosque de Chapultepec, está edificado sobre una superficie de 70,000 metros cuadrados. Es sorprendente la limpieza con la que cuenta este museo ya que es uno de los más importantes de Latinoamérica y recibe anualmente un promedio de dos millones de visitantes. Por lo que Heriberto, junto con un equipo de más de 100 personas, se encargan de la limpieza de las salas, del cuidado de todas las instalaciones eléctricas, plantas de emergencia, equipos UPS, revisión de las bombas de agua y aire acondicionado; áreas de restauración para las piezas importantes y la iluminación del museo.

Este recinto cultural cuenta con 24 salas en las que muestran el símbolo de identidad mexicana y representación de las culturas prehispánicas de nuestro país. El proyecto estuvo dirigido por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, cuya oficina centralizó la toma de decisiones, siempre bajo la asesoría del Consejo Ejecutivo. Desde allí se coordinaron y auspiciaron las exploraciones arqueológicas y etnográficas, y se organizó el transporte de grandes piezas desde diversas regiones del país.

“Las salas son inmensas, para limpiar a profundidad una sola nos tardamos alrededor de una semana; para sacudir el polvo de las 24 nos tardamos aproximadamente un mes. Las actividades que desarrollamos, tanto de mantenimiento como limpiezas de fuentes, es un trabajo que se plasma y el público lo ve reflejado en cada visita. Cuando te llegan las felicitaciones es un logro para todas las personas que trabajamos aquí”, explicó el trabajador.

Limpiando al extremo: Misión no Imposible

Hay suciedades que ya por el tiempo del museo se encuentran muy incrustadas y son difíciles de limpiar; además las paredes son de aproximadamente 14 metros de alto por lo que el equipo debe utilizar plataformas para limpiarlas. “Hay áreas muy altas, los espacios son muy grandes como las cisternas o fuentes y es muy complicado introducir equipos profesionales de limpieza. Tenemos que hacer maniobras, hasta lo que parece imposible, con ayuda de algún equipo como hidrolavadoras, pero debemos hacer pruebas antes de iniciar cualquier tipo de limpieza para ver cuál nos funciona para esos lugares”, explicó Heriberto.

Limpiar el museo siempre es una carrera contra el tiempo ya que el equipo debe realizar muchas actividades al mismo tiempo, como es limpiar las 24 salas, además de las cisternas, el espejo de agua en el patio central, una gran fuente de la que emerge una escultura de Tláloc, dios del agua, y la fuente de El Paraguas, limpiada en su totalidad en la última campaña de Kärcher. Por ende, para avanzar más rápido en grandes dimensiones se vale de ciertos productos y equipos profesionales de limpieza como fue con la limpieza de El Paraguas en la que se utilizó el Ice Blasters IB 15/120.

La limpieza es una actividad de gran intensidad

Por las tardes o noches cuando se realiza el apagado del museo y sale el último visitante, el equipo de Heriberto comienza con la limpieza de las salas… aunque no tan solos, casi siempre están acompañados por presencias extrañas. ¡Sí, fantasmas!

“De repente estamos en alguna de las 24 estancias y nos apagan la luz. Hay días en que caminas y sientes escalofríos en todo el cuerpo; áreas etnográficas del museo como la zona del pueblo purépecha o en la parte de Oaxaca, donde se encuentran algunas tumbas y restos humanos exhibidos en las que llegas a tener sensaciones que no puedes describir. No percibes nada con la vista, pero sabes que no estás solo, como que un ente te detiene. Estás trabajando y te cambian de lugar las herramientas”, cuenta Heriberto muy emocionado (también un poco sudado).