En 1978 Argentina fue el país anfitrión del Mundial de Futbol en un contexto en el que la participación de la selección albiceleste fue clave en el discurso de la dictadura (que se inició con el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976), con el que se planteaba la idea de la nación agredida por el exterior y de la selección de futbol como símbolo de unidad.

Existen diversos estudios acerca de la importancia que tuvo este evento deportivo para el gobierno de Jorge Rafael Videla —que ocupó la Presidencia de su país entre 1976 y 1981, durante la dictadura autodenominada Proceso de Reorganización Nacional—, en especial para enfrentar lo que la dictadura llamó la campaña antiargentina, pero son pocos los estudios que se enfocan en el contenido de las revistas deportivas de mayor circulación en Argentina durante esa ápoca, sostuvo Javier Franzé Mundanó, profesor de ciencia política de la Universidad Complutense de Madrid.

Ante esta escasa literatura el investigador analizó el relato de la revista El Gráfico durante el Mundial de 1978, sin dejar de lado el contexto en el que se enmarcó este certamen.

De los golpes de Estado reiterados en Argentina desde 1930, el de 1976 tuvo una especificidad que fue quizá solo compartida con el golpe de 1966, y es que el principal objetivo fue, y así se explicitó, reconstituir la identidad argentina atacada por el comunismo internacional, dijo Franzé Mundanó.

“El Mundial se insertó en el momento más intenso de la represión, en los tres primeros años de la dictadura que inició en 1976 —precisó el investigador—. Si bien el criterio de la represión era el mismo que en otras dictaduras, esta se caracterizó por la existencia de centros clandestinos de detención. Un caso emblemático fue el de la Escuela de Mecánica de la Armada, ubicada cerca del Estadio Monumental, propiedad del Club Atlético River Plate, en el que se inauguró y se jugó la final del Mundial entre Argentina y Holanda”.

Ante la violación sistemática de los derechos humanos durante la dictadura de Videla surgieron diversas denuncias, entre ellas de la Organización de las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos, Amnistía Internacional, diversas organizaciones no gubernamentales y de grupos de exiliados en Europa.

Para enfrentar estas acusaciones la dictadura optó por relacionar estas denuncias con un complot contra Argentina y, por lo tanto, aprovechó el torneo de futbol como un momento clave para mostrar “la verdadera imagen de Argentina” ante el mundo y dejar en claro que el país era capaz de organizar de manera eficiente el evento.

Aunque durante la dictadura algunos periódicos sufrieron represión, amenazas y persecución por expresar alguna crítica, como el secuestro del director de La Opinión en 1977, la censura al diario en 1978, su paso a manos del Estado en 1979 y su cierre definitivo en 1980, la mayoría de los medios de comunicación se alinearon de forma automática con el gobierno y prácticamente reprodujeron su discurso.

La máxima expresión del alineamiento de los medios con la dictadura está representada por el grupo editorial Atlántida, al cual pertenece la revista El Gráfico, cuyo discurso se enfocó en combatir la campaña antiargentina pero de una forma generalizada, explicó Franzé Mundanó.

Uno ejemplo de cómo se abordó el tema de la Copa del Mundo de 1978 es el editorial de la revista distribuida el 30 de mayo, previo al inicio del torneo, en el que las líneas argumentales giraban en torno a la exaltación del sentido del deber y la responsabilidad del país vinculando los valores del deporte con el estilo de futbol argentino.

En ese mismo número se publicó el artículo titulado “Exclusivo para 22 Argentino”, enfocado al plantel albiceleste, en el que se señaló que el objetivo no era ser campeones del mundo sino “reivindicar la riqueza humana y técnica que siempre se le conoció al futbol argentino”, y dice a los seleccionados: “todo está de parte de ustedes, todo menos la historia, pero al pasado claudicante se le gana con fe, con optimismo, con la confianza que otorga saber que ya en el proceso preparatorio, a la historia de improvisaciones y contra marchas, la hemos derrotado por goleada”.

Para Javier Franzé, un elemento clave de la cobertura de El Gráfico durante todo el Mundial fue el intento de humanización de Jorge Rafael Videla y de los integrantes de la junta militar, en la edición del 27 de junio apareció una foto de ellos gritando el gol de Argentina que definió la final contra Holanda en el tiempo suplementario.

En la edición del 4 de julio de ese mismo año, después de la final del Mundial, la nota de apertura es una entrevista al presidente Videla, que en el editorial la destaca y califica de “fácil y placentera”, y describen al mandatario como un argentino más que sufrió, se emocionó y vibró como los demás con el Mundial y el triunfo de la selección argentina.

De acuerdo con Javier Franzé, en el texto Videla asegura que el Mundial “ha servido para demostrarle al mundo que el pueblo argentino unido es capaz de realizar grandes obras. Que el mundo ha sido testigo de su capacidad de organización frente a las deformaciones de afuera y la campaña malintencionada, y que lo deportivo ha sido un motivo de unión nacional”.

Ante la pregunta de ¿cuál es la Argentina que se relata en El Gráfico durante el Mundial de 1978?, el investigador de teoría política respondió que la dictadura y el discurso reproducido por los medios afirmaron la naturalidad del ser nacional, argentino, amenazado por cuerpos extraños (subversivos), desde adentro y fuera del país.

“Así, en El Gráfico se refleja la intención de mostrar que todo el país estuvo detrás de la selección, para así construir la idea de un pueblo unido”, concluyó el investigador durante su participación en el Primer Congreso Interuniversitario “Pensar el futbol desde el aula, la cancha y la grada”, celebrado en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.