¿Se ha preguntado estimado lector, ¿de qué está compuesto el mundo? ¿Cuál es su principal componente o cuál, es su principio o “arjé”?

Tal vez, nunca nos hayamos hecho tal pregunta. Pero, fue así como inició la filosofía. Por ejemplo, seis siglos antes de Cristo un filósofo llamado Tales, oriundo de la población griega de Mileto, dijo que el principio o “arjé” de todo es el agua.

Y así comenzaron los grandes pensadores de la Grecia antigua a tratar de descifrar esas cuestiones universales que nos asombran.

Solemos decir cuando hacemos una operación aritmética “si Pitágoras no miente…”. Y tiene sentido, pues, este filósofo fue también matemático y dijo que el “arjé” es el número.

Para Anaximandro es el aire.

De la misma manera, Heráclito de Éfeso, aquel famoso pensador que dijo que la realidad es como el agua que pasa, “nadie se baño dos veces en el mismo río”, señaló que el fuego es el “arjé”.

Para Parménides, aquel del cual, nada está en movimiento, sólo había un Ser y nosotros somos emanaciones de éste.

Para Empédocles, los cuatro elementos son el “arjé” del universo, agua, aire, fuego y tierra. Para Anaximandro es lo indeterminado.

Algo que me parece sorprendente es que en una época donde todavía no se inventaba el microscopio, ni análogo, ni electrónico, Demócrito dijo que todo estaba formado por Átomos. Partículas indivisibles. Bueno, hoy se sabe que el átomo, o a lo que eso se refiere, se puede dividir más. Estas partes son el núcleo, los protones, los electrones. Después, se descubrió que hay partículas más pequeñas, los neutrilos, los protilos, etc. Ahora, vamos en el bossom de higs.

Pero, lo que me extraña es que, en el mundo antiguo, nadie haya dicho que la luz, era o pudiera ser un factor de principio del mundo. Lo digo, porque Dios, creador del Universo, se manifiesta así mismo como Luz. Tal vez no sea la luz, el “arjé”, pero ¿por qué se les habrá pasado?